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29/11/11

Bosnia y Kosovo: la historia manipulada

La historia balcánica reciente, sobretodo la que atañe a la década de los noventa, ha sido de las más propensas a la revisión. El revisionismo de la historia de las guerras de secesión yugoslavas vino sobre todo, después de la caída del régimen de Milosevic, de las facciones ultranacionalistas serbias, los chetniks en particular: los actos del SRS (Partido Radical Serbio) empezaron a prescindir de las cuestiones meramente políticas para centrarse en continuas alusiones a aquellas cuestiones que, a su modo de entender, habían sido falsificadas por occidente. Con su líder Vojislav Seselj en la cárcel, los chetniks se creyeron imbuidos de la providencia de la certeza histórica, cual adalid de la Verdad que tiene el deber de propagarla en su comunidad. A pesar de que la ideología de los radicales de Seselj fue y sigue siendo despreciable, y de que su revisión de la historia se fue al extremo de la tergiversación, exagerando hasta límites ridículos sus argumentos, lo cierto es que en algo no les falta razón: occidente manipuló patéticamente la historia de aquellos años, dejando en la conciencia de la opinión pública un poso de falsedades que se han asumido siempre como ciertas.

Tuvo mucho que ver en ello el trabajo periodístico en el cubrimiento de las guerras, en especial la de Bosnia (1992-1995). Ello consistió en rentabilizar al máximo algo tan atractivo como fue una guerra en pleno corazón de Europa, la primera después de cuarenta y cinco años de paz, con un añadido de sadismo y morbo muy propicio para el sensacionalismo oportunista. A excepción de contados medios, la mayoría de los mass media se dedicó a radiar las escatologías diarias de la guerra, como más sangrientas y visuales mejor, ajustado al clásico y eficaz enfoque de buenos y malos: generar un discurso demonizador para una de las partes, la que dispone de mayor potencia militar, y bonificar al otro bando, presentándolo como una auténtica víctima aplastada por el yugo de la crueldad sistematizada. Y en el caso de la guerra de Bosnia, las circunstancias dejaban claros los posicionamientos: a Serbia le tocaba el papel de malo, a los bosnios musulmanes el papel de buenos, y a los croatas... ¿los croatas? ¡Para qué complicar al lector/espectador! Simplificar los conflictos siempre dio buenos réditos.

Así es como se escogió al malo, Serbia, y a su tirano, Slobodan Milosevic. Ya en su momento, y después, algunos historiadores han trabajado en la crítica a esta sarta de sandeces que no solo contradicen el principio de profesionalidad, sino que juegan un papel ciertamente malévolo en el subconsciente de la opinión pública occidental y daña gravemente la dignidad de los pueblos balcánicos. Para no extender demasiado el texto, enumeraremos los principales disparates que se construyeron en mensajes radiados por la prensa occidental y buena parte de la historiografía:

1. La culpa fue de Serbia: una verdad a medias. Descontando, por supuesto, el periodismo -cuya tarea no va más allá del análisis diario de los hechos y evita la profundización y el análisis estructural-científico de los mismos-, la historiografía y la ciencia política apenas intentó entender el complejo proceso de desintegración de Yugoslavia. Ante la imposibilidad de tejer un discurso coherente, la mayoría de los autores se acogieron a una fácil solución, que entroncaba con el tradicional análisis de los conflictos balcánicos lleno de prejuicios: otorgar al auge de los nacionalismos toda la responsabilidad. ¿Cómo no iba a ser así, en una tierra históricamente dañada por los conflictos entre lo que en el siglo XIX se denominó el nacionalismo "de valle a valle", cargado de las disputas tribales siempre tan llenas de integrismo y crueldad? Aún aceptando este limitado análisis, es inconcebible que se tomara sólo a Milosevic como el causante de la tragedia. ¿Qué hay de Tudjman? ¿Qué hay de Izetbegovic? Fue Izetbegovic quién des de los años setenta, cuando el barbilampiño Milosevic justo empezaba a flirtear con el comunismo dogmático yugoslavo, inició sus tesis de refundación del Estado Islámico en Bosnia y Hercegovina, y su nacionalismo bosnio musulmán fue en augmento, explotando en la favorable coyuntura de las postrimerías de los años 80. Y fue Tudjman quién, en el caldeado año 1990 enarboló la bandera ustacha, volviendo a los croatas la mirada hacia aquel protoestado fascista del caudillo filonazi Ante Pavelic, lo que desató las primeras acciones de "limpieza étnica" (después tan reiteradamente atribuídas a los serbios) contra los serbios de la región croata de la Krajina.

2. Milosevic buscó el proyecto de la Gran Serbia: El proyecto de la Gran Serbia, entendido como la voluntad de reunir a todos los serbios en un solo estado, era una vieja idea rescatada en los años noventa. Pero hay algo de falso en atribuir a Milosevic esta recuperación. Este discursió perteneció más a los chetniks de Seselj y a sus paramilitares, y a los partidos ultranacionalistas nacidos al calor de los primeros enfrentamientos en 1991 en Croacia y Bosnia bajo las siglas SDS (en el caso de Bosnia liderado por personajes tan amargos como Karadzic). Cierto es que Milosevic planeó con Tudjman el repartimiento de Bosnia en las reuniones de Karadjordjevo, para extender los límites territoriales de Croacia y Serbia y dejar un pequeño estado tapón musulmán limitado a Sarajevo y sus confines. Pero Milosevic nunca creyó seriamente en el proyecto de la Gran Serbia. Y no lo hizo principalmente porque Slobo no era un nacionalista convencido. Provenía del comunismo ortodoxo y su conversión en nacionalista fue un proceso camaleónico suscrito puramente a la estrategia, a una forma de adaptarse a las circunstancias para medrar hasta el poder. Y de hecho, Slobo flirteó con el proyecto gran-serbio hasta que este le fue rentable, y cuando no le sirvió prescindió de él. ¿Cómo se entiende si no que abandonara a los serbios de la Krajina croata en 1995 a su suerte ante la limpieza étnica más veloz que ha habido nunca en Europa? ¿Cómo se entiende que Milosevic se rindiera a la OTAN en 1999 dejando solos a sus "hermanos" serbios de Kosovo, que tuvieron que sufrir las matanzas de los albaneses que volvían del exilio tras el conflicto amparados por el beneplácito occidental? Karadzic sí defendió a ultranza el proyecto gran-bosnio, y fue definido por Milosevic como "mierda".

3. Los musulmanes bonsios fueron masacrados: En la guerra de Bosnia se sucedieron las tragedias antes la incomprensible pasividad de la comunidad internacional y, como en toda guerra, cada bando tenía sus miserias. La atribución de crímenes de forma masiva a una comunidad para demonizarla tuvo en la guerra de Bosnia un carácter abusivo. Los medios de comunicación falsearon conscientemente muchas informaciones al respecto, puesto que lo que vendía periódicos y daba audiencia era el reportera hablando al lado de unos cadáveres masacrados violentamente por los degenerados serbios. Este hecho tuvo su paradigma en el caso de Srebrenica. Srebrenica era uno de los tres enclaves que resistió a la invasión serbia en la Bosnia oriental hasta 1995, y que el 11 de julio de 1995 fue objeto de una brutal matanza de 8.000 musulmanes barones a manos del ejército comandado por Ratko Mladic. Si eso es cierto, y el drama fue brutal -de hecho resta latente en la memoria reciente de los bosnios-, en aquel momento la prensa no explicó algunas cosas y falsificó otras. No explicó que durante los meses anteriores, los musulmanes de los enclaves de Srebrenica, Gorazde y Zepa, lanzaron ratzias contra los serbios de los pueblos colindantes, con matanzas que llegaron a cobrarse la vida de unos 1.000 bosnios. E incluso al contar algunas de las matanzas, los medios llegaron a emitir imágenes de los entierros explicando que eran funerales por los musulmanes muertos por los serbios, encendiendo obviamente la ira de los serbios. Tampoco se contó que, si bien la supremacía militar serbia era cierta, el único de los tres bandos que contó con ayuda física extranjera en el conflicto fueron los bosnios musulmanes, que lucharon junto a mercenarios enviados por otros países árabes, a veces infundidos de un gran fundamentalismo islámico.

4. Occidente salvó a los salvajes balcánicos: Ha sido una constante el paternalismo occidental con los balcánicos, des de que empezara la intervención de las potencias occidentales en el territorio en el levantamiento griego de 1821. En las guerras yugoslavas de los noventa, eso se explotó vergonzosamente. La crueldad de la guerra se utilizó para dibujar una imagen de los balcánicos como unos salvajes incorregibles faltos de capacidad para solucionar sus diferencias de forma civilizada, y en oposición, Occidente aparecía como el padre que educa y castiga a sus hijos díscolos. Europa nunca ha pedido perdón por las continuas meteduras de pata y dobles raseros perpetrados en los conflictos, que agravaron, sino desencadenaron, la tragedia. El caso más flagrante en ese punto es la aprobación unilateral de Alemania de la declaración unilateral de la independencia croata, que secundó la Unión Europea en bloque sin más remedio, y que dio al traste con las negociaciones que se estaban llevando a cabo entre los dirigentes yugoslavos para garantizar la seguridad en Yugoslavia. Después de eso, la tragedia fue inevitable. Otro caso flagrante es el de Estados Unidos. Encharcados en la guerra del Golfo, George W. Bush no tenía en sus preferencias el aspecto balcánico, y el diplomático que consiguió la paz en Bosnia, Richard Holbrooke, describe detalladamente en sus memorias sus vanos y persistentes intentos de convencer a l'administración Bush para intervenir en el drama yugoslavo. No fue hasta la presidencia de Clinton, en 1994, que Estados Unidos decidió intervenir, y aún así cometió algunos errores de calaje. Cuando se firmó la paz de 1995, la administración Clinton y los Estados Unidos se atribuyeron el mérito de haber puesto fin al desastre. Menudo descaro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Patètic el teu escrit. T'equivoques no només en el fons, sinó en diferents noms i associacions.