
La Gran Guerra (1914-1918) cambió para siempre los enfrentamientos bélicos en Europa. No solo porque supuso una modernización total de las condiciones materiales de la guerra, con un avance significativo en el armamento (armas de largo alcance, nuevo armamento químico...) sino porque supuso la primera experiencia de la gran movilización en un conflicto armado. En los primeros compases de la sociedad de masas, la Primera Guerra Mundial supuso una movilización radical de las masas en las filas de los diferentes ejércitos. Estos dejaron sus visos de tropas regulares de soldados profesionales para incorporar en sus filas los ciudadanos conscientes de las naciones en alza. Contribuyó a ello la propaganda que en los países implicados se realizó de un modo enérgico. Cada nación ensalzó sus valores para la creación de un clima de convicción racional del nacionalismo propio en un conflicto mundial que, a pesar de ello, afecto sobretodo Europa. El proceso se dibuja, como reflejan algunas obras ilustres como "Tallen Soldiers", de Georges L. Mosse, en la asunción de las clases medias y populares de los valores nacionales y su vinculación a una guerra que debía ser heroica. Transformaron los valores de una época de decadencia de los valores europeos, en las fronteras del s.XX, en la experiencia heroica y radical de una guerra. Los valores nacionales se enfrentaron como nunca, y muestra de ello puede ser la confrontación de la Cultura alemana con la francesa. Pero sobretodo, se trataba de que aquellos jóvenes que se habían adormecido en las facultades, abandonaran la comodidad a la que les había acostumbrado el liberalismo burgués, y recuperaran todo el amor por los valores nacionales. La nación estática pasaba a ser la nación en movimiento. Los viejos estados desaparecían (el zarista en Rusia, el eterno austrohúngaro de quien Stefan Zweig dijo que "pensábamos que siempre bailaríamos el vals" o el Kaisserreich en Alemania) y daban paso a las naciones heroicas. Meses después, las ametralladoras barrían esos jóvenes esperanzados por docenas en su avance en las trincheras, plasmando la tragedia que llevaría, uno a uno, a los diferentes estados, a movimientos antibelicistas que acabaron en diferentes tratados de paz, el último de ellos el de Versalles con la rendición de Alemania. Esta experiencia marcó para siempre el devenir en Europa, no solo en lo que a la geopolítica concierne, sino también en las actitudes prácticas de los conflictos armados.
En los albores de 1992 un referéndum acerca de la independencia de Bosnia y Hercegovina fue para los serbobosnios la gota que colmó el vaso de un proceso de desintegración de Yugoslavia que se había iniciado en 1991 con sendas guerras en Eslovenia y Croacia. Así se dispusieron las condiciones para que el Ejército Yugoslavo iniciara una agresión en el territorio que se prolongó hasta 1995 en lo que fue la Guerra de Bosnia, que en realidad fueron diferentes guerras en una misma. Antes de abordar la cuestión bélica, que me parece más interesante para explicar lo que fue el conflicto bosnio, debo referenciar alguna cuestiones acerca del clima de preguerra que se vivía en los Balcanes occidentales por aquel entonces. Es un debate historiográfico interesante señalar cuales fueron las causas de una guerra atroz como la que rompió la harmonía de una Europa que respiraba tras la caída del muro de Berlín. La pregunta es complicada. Por qué se derrumbó lo que parecía el sólido edificio del estado Yugoslavo que había creado Tito después de una guerra civil durante la Segunda Guerra Mundial? El comunismo había conseguido sedimentar en un solo estado diferentes naciones que habían estado enfrontadas o aliadas en diferentes momentos de la historia, y que tras de disolución de los estados otomano y austrohúngaro en el cambio e inicio del siglo XX, conformaron un rompecabezas difícil de recomponer. Tras cuarenta años de aparente estabilidad, solo enturbiada por las aspiraciones nacionalistas de algunos territorios como Kosovo, en la década de los ochenta todo se desmoronó. Las viejas rencillas entre las repúblicas se despertaban de nuevo poniendo en peligro la integridad y la soberanía de la federación. Ha quedado descartada la hipótesis de que fuera la muerte de Tito en 1981 la causa principal de la desmembración, puesto que la federación sobrevivió una década más, y en cambio toma más solidez la reflexión acerca del empeoramiento sistemático de la política económica que, no obstante, consiguió atenuar el ministro de Economía Ante Markovic. A ello se le sumó el auge de los nacionalismos que quebraron el difícil equilibrio entre el gobierno federal y el de las diferentes repúblicas yugoslavas. El último lustro de los años 80 fueron decisivos, con la llegada al poder en sendos estados de Franjo Tudjman en Croacia y de Slobodan Milosevic en Serbia. Ambos recuperaron el discurso nacionalista radical, con las ideas de la Gran Serbia y la Gran Croacia, y a ello se sumó el auge de Aliza Izetbegovic en Bosnia, dispuesto a no tolerar ninguna incursión vecina en su país. Después de las agresiones en Croacia i Eslovenia, croatas i serbios planearon la división de Bosnia y su ocupación en los acuerdos secretos de Karadjordjevo. La cuerda se tensó hasta el extremo que hoy conocemos bien: la entrada de los tanques yugoslavos bajo el poder serbio en territorio bosnio.
Por eso me parece interesante contemplar la disolución del ejército yugoslavo, no quizás como causa, pero sí como un echo que explica en buena medida el desarrollo de la tragedia humanitaria en Bosnia. El estado yugoslavo se fundamentaba en tres principios indisolubles: roto equilibrio territorial, roto el compromiso de las iglesias católica y ortodoxa en mantener dicha estabilidad, la disolución del ejército yugoslavo que quedaba ampliamente integrado en manos de los serbios, el desastre estaba anunciado. El 1942 el mariscal Tito organizó la resistencia partisana, en el marco de la guerra civil yugoslava durante la Segunda Guerra Mundial, con la creación de una escuadra que en 1945 pasó a llamarse Jugoslovenska Narodna Armija (JNA), el Ejército Popular Yugoslavo. El ejército contó siempre con el prestigio internacional por su buena organización armamentística y en el entrenamiento. Pero a partir de los años 70 empezó a intervenir en sus propias fronteras, como en la Primavera Croata de 1971. Con el arranque definitivo de las hostilidades nacionalistas en la década de los noventa, la sociedad yugoslava se preguntó qué debía hacer el ejército ante la guerra. No era una cuestión menor. El JNA estaba integrado por soldados de todas las repúblicas de la federación, por lo cual los soldados eslovenos estaban obligados a agredir a sus compatriotas en la Guerra de los Diez Días (1991), y lo mismo para los croatas con la intervención del mismo año. La reacción fueron masivas deserciones en el seno del ejército, que se elevó a la máxima potencia con el arranque del conflicto bosnio de 1992. Ante ello, las Naciones Unidas ordenaron la immediata retirada del ejército yugoslavo del territorio, por encontrarse ya dentro de un estado soberano ajeno. El ejército creó en algunas de sus unidades el VRS, el Ejército de la República Srpska, e hizo caso omiso de la advertencia de la ONU. El ejército, ya en manos de los serbios, sirvió a Milosevic para mantenerse en el poder y avanzar en el conflicto armada con cierta superioridad, sobretodo en la vanguardia serbobosnia en la Bosnia Oriental, con la victoria en núcleos importantes como Zepa, Gorazde o la denostada Srebrenica. Otro cantar fue el fallido asedio a Sarajevo. La otra cara de la moneda fueron las milicias bosnias, que consiguieron construir en ejército, la Armija, muy por debajo de la categoría militar del JNA y el VRS. Rivalizó más bien con los grupos paramilitares croatas i serbios, entre los que destacaron el macabro grupo Los Tigres del carnicero Arkan. A ese efecto, y ligando ese tema con el inicio de la exposición, Danis Tanovic retrató como nadie esa realidad en un film producido en Bosnia en 2001: «En tierra de nadie». La película refleja el absurdo de la guerra de Bosnia, con situaciones que rallan la comicidad, pero da un paso en el retrato de una sociedad que abandonó inesperadamente una vida estática para liderar la vanguardia heroica de la defensa de la nación. El protagonista del film es un joven que queda atrapado en una trinchera con un enemigo serbio. El bosnio trae consigo un fusil y viste una camiseta blanca de los Rolling Stones. Esto fue la guerra de Bosnia, el conflicto que sacó a los jóvenes de las aulas, de la Cultura, que cambiaron los libros y los walkman por el fusil. Dejaron de escuchar los Rolling Stones para defender el territorio ante aquellos enemigos que lo fueron solo en el término de una década. La Gran Guerra de 1914 cambió para siempre el curso de la historia, y en cierto modo el conflicto de Bosnia tambien, irradiando la imagen de la brutalidad por los televisores de medio mundo, recordada solo en aquel mítico Vietnam. Lo de después, Somalia i Rwanda, fueron la reproducción de esa brutalidad confundida con la guerra enérgica de las masas encarnadas en la nación que anda.
En los albores de 1992 un referéndum acerca de la independencia de Bosnia y Hercegovina fue para los serbobosnios la gota que colmó el vaso de un proceso de desintegración de Yugoslavia que se había iniciado en 1991 con sendas guerras en Eslovenia y Croacia. Así se dispusieron las condiciones para que el Ejército Yugoslavo iniciara una agresión en el territorio que se prolongó hasta 1995 en lo que fue la Guerra de Bosnia, que en realidad fueron diferentes guerras en una misma. Antes de abordar la cuestión bélica, que me parece más interesante para explicar lo que fue el conflicto bosnio, debo referenciar alguna cuestiones acerca del clima de preguerra que se vivía en los Balcanes occidentales por aquel entonces. Es un debate historiográfico interesante señalar cuales fueron las causas de una guerra atroz como la que rompió la harmonía de una Europa que respiraba tras la caída del muro de Berlín. La pregunta es complicada. Por qué se derrumbó lo que parecía el sólido edificio del estado Yugoslavo que había creado Tito después de una guerra civil durante la Segunda Guerra Mundial? El comunismo había conseguido sedimentar en un solo estado diferentes naciones que habían estado enfrontadas o aliadas en diferentes momentos de la historia, y que tras de disolución de los estados otomano y austrohúngaro en el cambio e inicio del siglo XX, conformaron un rompecabezas difícil de recomponer. Tras cuarenta años de aparente estabilidad, solo enturbiada por las aspiraciones nacionalistas de algunos territorios como Kosovo, en la década de los ochenta todo se desmoronó. Las viejas rencillas entre las repúblicas se despertaban de nuevo poniendo en peligro la integridad y la soberanía de la federación. Ha quedado descartada la hipótesis de que fuera la muerte de Tito en 1981 la causa principal de la desmembración, puesto que la federación sobrevivió una década más, y en cambio toma más solidez la reflexión acerca del empeoramiento sistemático de la política económica que, no obstante, consiguió atenuar el ministro de Economía Ante Markovic. A ello se le sumó el auge de los nacionalismos que quebraron el difícil equilibrio entre el gobierno federal y el de las diferentes repúblicas yugoslavas. El último lustro de los años 80 fueron decisivos, con la llegada al poder en sendos estados de Franjo Tudjman en Croacia y de Slobodan Milosevic en Serbia. Ambos recuperaron el discurso nacionalista radical, con las ideas de la Gran Serbia y la Gran Croacia, y a ello se sumó el auge de Aliza Izetbegovic en Bosnia, dispuesto a no tolerar ninguna incursión vecina en su país. Después de las agresiones en Croacia i Eslovenia, croatas i serbios planearon la división de Bosnia y su ocupación en los acuerdos secretos de Karadjordjevo. La cuerda se tensó hasta el extremo que hoy conocemos bien: la entrada de los tanques yugoslavos bajo el poder serbio en territorio bosnio.
Por eso me parece interesante contemplar la disolución del ejército yugoslavo, no quizás como causa, pero sí como un echo que explica en buena medida el desarrollo de la tragedia humanitaria en Bosnia. El estado yugoslavo se fundamentaba en tres principios indisolubles: roto equilibrio territorial, roto el compromiso de las iglesias católica y ortodoxa en mantener dicha estabilidad, la disolución del ejército yugoslavo que quedaba ampliamente integrado en manos de los serbios, el desastre estaba anunciado. El 1942 el mariscal Tito organizó la resistencia partisana, en el marco de la guerra civil yugoslava durante la Segunda Guerra Mundial, con la creación de una escuadra que en 1945 pasó a llamarse Jugoslovenska Narodna Armija (JNA), el Ejército Popular Yugoslavo. El ejército contó siempre con el prestigio internacional por su buena organización armamentística y en el entrenamiento. Pero a partir de los años 70 empezó a intervenir en sus propias fronteras, como en la Primavera Croata de 1971. Con el arranque definitivo de las hostilidades nacionalistas en la década de los noventa, la sociedad yugoslava se preguntó qué debía hacer el ejército ante la guerra. No era una cuestión menor. El JNA estaba integrado por soldados de todas las repúblicas de la federación, por lo cual los soldados eslovenos estaban obligados a agredir a sus compatriotas en la Guerra de los Diez Días (1991), y lo mismo para los croatas con la intervención del mismo año. La reacción fueron masivas deserciones en el seno del ejército, que se elevó a la máxima potencia con el arranque del conflicto bosnio de 1992. Ante ello, las Naciones Unidas ordenaron la immediata retirada del ejército yugoslavo del territorio, por encontrarse ya dentro de un estado soberano ajeno. El ejército creó en algunas de sus unidades el VRS, el Ejército de la República Srpska, e hizo caso omiso de la advertencia de la ONU. El ejército, ya en manos de los serbios, sirvió a Milosevic para mantenerse en el poder y avanzar en el conflicto armada con cierta superioridad, sobretodo en la vanguardia serbobosnia en la Bosnia Oriental, con la victoria en núcleos importantes como Zepa, Gorazde o la denostada Srebrenica. Otro cantar fue el fallido asedio a Sarajevo. La otra cara de la moneda fueron las milicias bosnias, que consiguieron construir en ejército, la Armija, muy por debajo de la categoría militar del JNA y el VRS. Rivalizó más bien con los grupos paramilitares croatas i serbios, entre los que destacaron el macabro grupo Los Tigres del carnicero Arkan. A ese efecto, y ligando ese tema con el inicio de la exposición, Danis Tanovic retrató como nadie esa realidad en un film producido en Bosnia en 2001: «En tierra de nadie». La película refleja el absurdo de la guerra de Bosnia, con situaciones que rallan la comicidad, pero da un paso en el retrato de una sociedad que abandonó inesperadamente una vida estática para liderar la vanguardia heroica de la defensa de la nación. El protagonista del film es un joven que queda atrapado en una trinchera con un enemigo serbio. El bosnio trae consigo un fusil y viste una camiseta blanca de los Rolling Stones. Esto fue la guerra de Bosnia, el conflicto que sacó a los jóvenes de las aulas, de la Cultura, que cambiaron los libros y los walkman por el fusil. Dejaron de escuchar los Rolling Stones para defender el territorio ante aquellos enemigos que lo fueron solo en el término de una década. La Gran Guerra de 1914 cambió para siempre el curso de la historia, y en cierto modo el conflicto de Bosnia tambien, irradiando la imagen de la brutalidad por los televisores de medio mundo, recordada solo en aquel mítico Vietnam. Lo de después, Somalia i Rwanda, fueron la reproducción de esa brutalidad confundida con la guerra enérgica de las masas encarnadas en la nación que anda.

1 comentaris:
ei, que bé haver descobert aquest blog! aquest estiu vaig fer una ruta per part dels Balcans (per Eslovènia, Croàcia, Bòsnia i Sèrbia) i, realment, són països absolutament magnètics. vaig llegir-me un llibre que es deia "Si un árbol cae. Conversaciones en torno a los Balcanes", de Isabel Núñez, amb entrevistes a escriptors balcànics (la immensa majoria "pro-bosnis", per dir-ho d'alguna manera, bastant poc neutre... però també hi havia una entrevista a Toholj) i ara sóc tot ganes de tornar-hi i estar-hi amb calma i que la gent m'expliqui més i més històries. t'aniré llegint!
Publicar un comentario en la entrada