Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis

29/11/11

Bosnia y Kosovo: la historia manipulada

La historia balcánica reciente, sobretodo la que atañe a la década de los noventa, ha sido de las más propensas a la revisión. El revisionismo de la historia de las guerras de secesión yugoslavas vino sobre todo, después de la caída del régimen de Milosevic, de las facciones ultranacionalistas serbias, los chetniks en particular: los actos del SRS (Partido Radical Serbio) empezaron a prescindir de las cuestiones meramente políticas para centrarse en continuas alusiones a aquellas cuestiones que, a su modo de entender, habían sido falsificadas por occidente. Con su líder Vojislav Seselj en la cárcel, los chetniks se creyeron imbuidos de la providencia de la certeza histórica, cual adalid de la Verdad que tiene el deber de propagarla en su comunidad. A pesar de que la ideología de los radicales de Seselj fue y sigue siendo despreciable, y de que su revisión de la historia se fue al extremo de la tergiversación, exagerando hasta límites ridículos sus argumentos, lo cierto es que en algo no les falta razón: occidente manipuló patéticamente la historia de aquellos años, dejando en la conciencia de la opinión pública un poso de falsedades que se han asumido siempre como ciertas.

Tuvo mucho que ver en ello el trabajo periodístico en el cubrimiento de las guerras, en especial la de Bosnia (1992-1995). Ello consistió en rentabilizar al máximo algo tan atractivo como fue una guerra en pleno corazón de Europa, la primera después de cuarenta y cinco años de paz, con un añadido de sadismo y morbo muy propicio para el sensacionalismo oportunista. A excepción de contados medios, la mayoría de los mass media se dedicó a radiar las escatologías diarias de la guerra, como más sangrientas y visuales mejor, ajustado al clásico y eficaz enfoque de buenos y malos: generar un discurso demonizador para una de las partes, la que dispone de mayor potencia militar, y bonificar al otro bando, presentándolo como una auténtica víctima aplastada por el yugo de la crueldad sistematizada. Y en el caso de la guerra de Bosnia, las circunstancias dejaban claros los posicionamientos: a Serbia le tocaba el papel de malo, a los bosnios musulmanes el papel de buenos, y a los croatas... ¿los croatas? ¡Para qué complicar al lector/espectador! Simplificar los conflictos siempre dio buenos réditos.

Así es como se escogió al malo, Serbia, y a su tirano, Slobodan Milosevic. Ya en su momento, y después, algunos historiadores han trabajado en la crítica a esta sarta de sandeces que no solo contradicen el principio de profesionalidad, sino que juegan un papel ciertamente malévolo en el subconsciente de la opinión pública occidental y daña gravemente la dignidad de los pueblos balcánicos. Para no extender demasiado el texto, enumeraremos los principales disparates que se construyeron en mensajes radiados por la prensa occidental y buena parte de la historiografía:

1. La culpa fue de Serbia: una verdad a medias. Descontando, por supuesto, el periodismo -cuya tarea no va más allá del análisis diario de los hechos y evita la profundización y el análisis estructural-científico de los mismos-, la historiografía y la ciencia política apenas intentó entender el complejo proceso de desintegración de Yugoslavia. Ante la imposibilidad de tejer un discurso coherente, la mayoría de los autores se acogieron a una fácil solución, que entroncaba con el tradicional análisis de los conflictos balcánicos lleno de prejuicios: otorgar al auge de los nacionalismos toda la responsabilidad. ¿Cómo no iba a ser así, en una tierra históricamente dañada por los conflictos entre lo que en el siglo XIX se denominó el nacionalismo "de valle a valle", cargado de las disputas tribales siempre tan llenas de integrismo y crueldad? Aún aceptando este limitado análisis, es inconcebible que se tomara sólo a Milosevic como el causante de la tragedia. ¿Qué hay de Tudjman? ¿Qué hay de Izetbegovic? Fue Izetbegovic quién des de los años setenta, cuando el barbilampiño Milosevic justo empezaba a flirtear con el comunismo dogmático yugoslavo, inició sus tesis de refundación del Estado Islámico en Bosnia y Hercegovina, y su nacionalismo bosnio musulmán fue en augmento, explotando en la favorable coyuntura de las postrimerías de los años 80. Y fue Tudjman quién, en el caldeado año 1990 enarboló la bandera ustacha, volviendo a los croatas la mirada hacia aquel protoestado fascista del caudillo filonazi Ante Pavelic, lo que desató las primeras acciones de "limpieza étnica" (después tan reiteradamente atribuídas a los serbios) contra los serbios de la región croata de la Krajina.

2. Milosevic buscó el proyecto de la Gran Serbia: El proyecto de la Gran Serbia, entendido como la voluntad de reunir a todos los serbios en un solo estado, era una vieja idea rescatada en los años noventa. Pero hay algo de falso en atribuir a Milosevic esta recuperación. Este discursió perteneció más a los chetniks de Seselj y a sus paramilitares, y a los partidos ultranacionalistas nacidos al calor de los primeros enfrentamientos en 1991 en Croacia y Bosnia bajo las siglas SDS (en el caso de Bosnia liderado por personajes tan amargos como Karadzic). Cierto es que Milosevic planeó con Tudjman el repartimiento de Bosnia en las reuniones de Karadjordjevo, para extender los límites territoriales de Croacia y Serbia y dejar un pequeño estado tapón musulmán limitado a Sarajevo y sus confines. Pero Milosevic nunca creyó seriamente en el proyecto de la Gran Serbia. Y no lo hizo principalmente porque Slobo no era un nacionalista convencido. Provenía del comunismo ortodoxo y su conversión en nacionalista fue un proceso camaleónico suscrito puramente a la estrategia, a una forma de adaptarse a las circunstancias para medrar hasta el poder. Y de hecho, Slobo flirteó con el proyecto gran-serbio hasta que este le fue rentable, y cuando no le sirvió prescindió de él. ¿Cómo se entiende si no que abandonara a los serbios de la Krajina croata en 1995 a su suerte ante la limpieza étnica más veloz que ha habido nunca en Europa? ¿Cómo se entiende que Milosevic se rindiera a la OTAN en 1999 dejando solos a sus "hermanos" serbios de Kosovo, que tuvieron que sufrir las matanzas de los albaneses que volvían del exilio tras el conflicto amparados por el beneplácito occidental? Karadzic sí defendió a ultranza el proyecto gran-bosnio, y fue definido por Milosevic como "mierda".

3. Los musulmanes bonsios fueron masacrados: En la guerra de Bosnia se sucedieron las tragedias antes la incomprensible pasividad de la comunidad internacional y, como en toda guerra, cada bando tenía sus miserias. La atribución de crímenes de forma masiva a una comunidad para demonizarla tuvo en la guerra de Bosnia un carácter abusivo. Los medios de comunicación falsearon conscientemente muchas informaciones al respecto, puesto que lo que vendía periódicos y daba audiencia era el reportera hablando al lado de unos cadáveres masacrados violentamente por los degenerados serbios. Este hecho tuvo su paradigma en el caso de Srebrenica. Srebrenica era uno de los tres enclaves que resistió a la invasión serbia en la Bosnia oriental hasta 1995, y que el 11 de julio de 1995 fue objeto de una brutal matanza de 8.000 musulmanes barones a manos del ejército comandado por Ratko Mladic. Si eso es cierto, y el drama fue brutal -de hecho resta latente en la memoria reciente de los bosnios-, en aquel momento la prensa no explicó algunas cosas y falsificó otras. No explicó que durante los meses anteriores, los musulmanes de los enclaves de Srebrenica, Gorazde y Zepa, lanzaron ratzias contra los serbios de los pueblos colindantes, con matanzas que llegaron a cobrarse la vida de unos 1.000 bosnios. E incluso al contar algunas de las matanzas, los medios llegaron a emitir imágenes de los entierros explicando que eran funerales por los musulmanes muertos por los serbios, encendiendo obviamente la ira de los serbios. Tampoco se contó que, si bien la supremacía militar serbia era cierta, el único de los tres bandos que contó con ayuda física extranjera en el conflicto fueron los bosnios musulmanes, que lucharon junto a mercenarios enviados por otros países árabes, a veces infundidos de un gran fundamentalismo islámico.

4. Occidente salvó a los salvajes balcánicos: Ha sido una constante el paternalismo occidental con los balcánicos, des de que empezara la intervención de las potencias occidentales en el territorio en el levantamiento griego de 1821. En las guerras yugoslavas de los noventa, eso se explotó vergonzosamente. La crueldad de la guerra se utilizó para dibujar una imagen de los balcánicos como unos salvajes incorregibles faltos de capacidad para solucionar sus diferencias de forma civilizada, y en oposición, Occidente aparecía como el padre que educa y castiga a sus hijos díscolos. Europa nunca ha pedido perdón por las continuas meteduras de pata y dobles raseros perpetrados en los conflictos, que agravaron, sino desencadenaron, la tragedia. El caso más flagrante en ese punto es la aprobación unilateral de Alemania de la declaración unilateral de la independencia croata, que secundó la Unión Europea en bloque sin más remedio, y que dio al traste con las negociaciones que se estaban llevando a cabo entre los dirigentes yugoslavos para garantizar la seguridad en Yugoslavia. Después de eso, la tragedia fue inevitable. Otro caso flagrante es el de Estados Unidos. Encharcados en la guerra del Golfo, George W. Bush no tenía en sus preferencias el aspecto balcánico, y el diplomático que consiguió la paz en Bosnia, Richard Holbrooke, describe detalladamente en sus memorias sus vanos y persistentes intentos de convencer a l'administración Bush para intervenir en el drama yugoslavo. No fue hasta la presidencia de Clinton, en 1994, que Estados Unidos decidió intervenir, y aún así cometió algunos errores de calaje. Cuando se firmó la paz de 1995, la administración Clinton y los Estados Unidos se atribuyeron el mérito de haber puesto fin al desastre. Menudo descaro.

7/8/11

Els problemes endèmics de Kosovo

L'enginyeria política als Balcans té en Kosovo el principal referent. A la imatge, un soldat nord-americà passeja pels carrers de Prizren

Als mitjans de comunicació i la historiografia occidentals els agrada presentar l’inici de la tragèdia de l’ex-Iugoslàvia un incendiari discurs pronunciat per un jove Slobodan Milosevic, aleshores president de la Lliga dels Comunistes de Sèrbia, a Kosovo el 1989 davant els seus enrabiats compatriotes serbis. És un dels molts tòpics que han girat a l’entorn de la tan desconeguda com manipulada història dels Balcans que, malgrat mancar de tot rigor intel·lectual, ha sedimentat en el lloc comú de la memòria balcànica recent.

Malgrat que la descomposició de l’ex-Iugoslàvia és un procés d’un extrema complexitat, conjunció de factors de naturalesa diversa, el més encertat és definir-la com el resultat d’un fenomen d’implosió molt característic del període de la immediata postguerra freda. Però, posats a elocubrar, com els que assenyalen com a inici del drama el discurs del demonitzat Milosevic, seria més lògic apuntar amb el dit les polítiques de la Unió Europea respecte de l’ex-Iugoslàvia a principis dels noranta. Acostumats a utilitzar els dobles rasers a la regió, Alemanya va reconèixer unilateralment la independència de Croàcia el 1991 —el que suposava reconèixer el desmembrament definitiu de Iugoslàvia— malgrat que la Unió Europea no s’havia posicionat. Precipitadament, i volent ocultar l’enorme ridícul que havia protagonitzat, la UE va secundar el despropòsit alemany encetant la cruenta guerra serbo-croata del 1991 i deixant la porta oberta a l’encara més dura i recordada guerra de Bòsnia el 1992.

Serveixi aquesta llarga introducció per advertir dels cínics equilibris polítics i geoestratègics que tant la Unió Europea com els estats Units, i també Rússia, han dispensat llargament en la història però sobretot recenement, als territoris ex-iugoslaus. Unes polítiques paternalistes malauradament acceptades i lloades per bona part dels països balcàncics, que no obstant han deixat en les darreres dues dècades quatre grans guerres i uns desequilibris interètnics que a dia d’avui encara fan massa dificultosa la convivència, com ho demostra el despropòsit del mapa que condemana a Bòsnia a la fragmentació derivada dels mals acords de dayton el 1995.
La darrera setmana van esclatar nous aldarulls al polvorí balcànic per excel·lència: Kosovo. Els errors estratègics d’Occident també han estat nefasts per a aquesta regió. La guerra de 1998-1999 va acabar amb un desencertat bombardeig de l’OTAN sobre Belgrad, que va acabar sent contraproduent. D’una banda, Slobodan Milosevic va demostrar una estoica resistència, mantenint el seu país en dures condicions de restriccions i sota les bombes durant mesos, fins arribar a les negociacions. D’altra banda, els avions de l’OTAN van decidir volar més alt del compte, per evitar ser abatutst pels míssils antiaeris serbis, fet que va desencadenar els coneguts com a «danys colaterals» que van desprestigiar enormament l’aliança atlàntica. Finalment, els acords de pau es van ajustar a aquestes circumstàncies contradictòries que van acabar sent favorables a Milosevic, que va aconseguir mantenir-se al poder.

Un altre error de calatge va ser la qüestió dels refugiats i el doble raser d’Occident. Posicionats des d’un primer moment amb la causa albanesa, les organitzacions polítiques i humanitàries van vetllar durant la guerra pels centenars de milers de refugiats albanesos que deplorablement travessaven a diari la frontera kosovar. Però després dels acords de pau, que van permetre el retorn dels albanesos al país, els serbis van quedar en absoluta minoria i ni l’ONU ni l’OTAN van garantir-ne la seva seguretat, i van apartar la mirada dels nombrosos actes de revenja que van tenir lloc al país, un fet que els serbis encara no han oblidat.

Els últims aldarulls són el crit agònic d’una població sèrbia que se sent més en perill qua mai davant un poble albanès majoritari i eufòric, i desportegit pels organismes internacionals i el que és pitjor, del seu propi país, Serbia. Així ho expressa Djordje, un serbi kosovar resident a Novi Sad, la segona ciutat més gran de Sèrbia: «el nostre president és amic dels americans, no li importa el que passi amb els seus germans de Kosovo». Boris Tadic ha expressat aquesta setmana el seu disgust pel desplegament de la policia especial kosovar que, segons ell, altera l’ordre al país, però ja ha avançat que Sèrbia no tornarà a entrar en cap guerra, unes paraules que els serbis de Kosovo entenen com una autèntica rendició.

L’actual situació a Kosovo sembla un atzucac. Els pocs serbis que hi queden, concentrats al nord, es resisteixen a marxar, convençuts que són l’últim bastió de la resistència del poble eslau a la terra que senten com la cuna del poble serbi. La solució plantejada per bona part dels responsables de la UNMIK, la missió de l’ONU a Kosovo, passa per dividir el nou país independent i lliurar el nord a Sèrbia, però no convenç al nacionalisme essencialista serbi, que veu amb preocupació el futur dels seus compatriotes que encara viuen en petites bosses de població a la resta del país kosovar i que quedarien desprotegits. Però, si es manté la integritat de les fronteres actuals s’eternalitzarà el problema de com conservar un equilibri interètnic ja insostenible. Sembla poc probable que es divideixi Kosovo, del tot impossible, ja que si s'alteren les fronteres del país es violarà per primera vegada els acords de la Conferència de Helsinki (1971), que preconitzava no tocar ni un centímetre de les fronteres resultants de la Segona Guerra Mundial. Si es modifiquéssin les fronteres kosovars, es marcaria un precedent que encendria les reclamacions de l'extrema dreta a diferents punts d'Europa (reclamacions dels Sudets alemanys, per exemple) i tal i com està la cosa, després dels assassinats d'Oslo, ningú s'atrevirà a tocar les fronteres de cap país.

Malgrat que Kosovo malda per posar en marxa el país amb les seves pròpies eines, renegant d’una Unió Europea que segons ells avala les aspiracions sèrbies, sembla clar que el futur de Kosovo segueix en mans de les potències occidentals. D’uns Estats Units que garanteix la independència del nou estat només perquè veu en Kosovo el seu gran aliat geoestratègic a la zona, i d’una Unió Europea que segueix irresponsablement dividida en el reconeixement de la independència de 2008.

Kosovo és Sèrbia? la col·lisió del dret històric i el dret democràtic
La declaració unilateral d’independència de Kosovo, el 17 de febrer del 2008, va deixar a la comunitat internacional un repte de dimensions morals i jurídiques considerables: s’havia de recolzar el dret dels serbis a romandre al terriori on han viscut ancestralment, i fins i tot legitimar-ne el dret a recuperar-la, o s’havia de donar l’esquena a la història i prioritzar el dret democràtic de l’autodeterminació dels pobles? Les posicions d’uns països i uns altres han respòs a interessos personals, i el cas espanyol n’és el més evident: no reconèixer Kosovo tan sols per no reconèixer el dret de l’autodeterminació per Catalunya o el País Basc. El dilema és, en realitat, resultat d’una col·lisió de drets: el dret històric i el dret democràtic.

Els serbis entenen que Kosovo va ser el lloc on Sèrbia va forjar la seva identitat nacional, i avui en dia això encara és ben visible: arreu del país, entre la població albanesa, hi conviuen desenes de monestirs ortodoxos, els primers i els més grans de la història religiosa sèrbia.

En canvi, els albanesos entenen que Kosovo és el resultat d’un procés històric, que el país no és dipositari d’una cultura única i encestral sinó de moltes cultures, també la seva. I, és clar, que un país de majoria albanesa, no té sentit que segueixi depenent de les polítiques dictades des de Belgrad.

Per tant, Kosovo és Sèrbia en la mesura que ningú pot obligar els serbis de Kosovo a renunciar a la seva històrica, però no ho és perquè els processos històrics han acabat atorgant al país una aplastant majoria de població albanesa que res té a veure amb el poble eslau serbi.

Sobta l’escepticisme tant de Sèrbia com d’Albània, que veuen el conflicte amb distanciament, alguna cosa així com un camp de batalla on hi lluiten persones emmetzinades per anys de disputes que s’han convertit en obsessió.

12/1/11

L'exIugoslàvia: claus d'un conflicte

El 1991 van esclatar als Balcans occidentals, en les repúbliques que formaven la República Federal Socialista de Iugoslàvia, un conflicte secessionista que va colpejar diversos pobles i que va commoure la comunitat internacional per la seva duresa. Des d'aleshores, els estudiosos han elaborat diverses interpretacion sobre les causes de la desintegració de Iugoslàvia. Més enllà del debat historiogràfic, hi ha en un lloc comú algunes claus per entendre per què va passar tot:

1. Cruïlla de cultures: Fonamentalment als Balcans conviuen tres grans religions que s'han sedimentat a partir del pas de diversos pobles per aquesta terra que uneix Europa i Àsia, occident i orient. Al segle VII els eslaus es van instal·lar a la península balcànica i des d'aquell moment han conviscut dos cristianismes: el catolicisme, de tradició occidental, i l'ortodòxia, de filosofia oriental. Així, als territoris occidentals (Eslovènia, Croàcia) hi ha una majoria catòlica, mentre que més a l'est s'ha imposat el cristianisme ortodox amb Sèrbia com a pilar fonamental. Al segle XIV l'avenç otomà cap a Europa va arribar fins als Balcans, i Bòsnia es va convertir en la frontera de lluita entre cristians i musulmans. Fins al segle XIX els musulmans van assentar-se al territori deixant per sempre el llegat de la seva religió. Per tant, als Balcans conviuen les religions musulmana, catòlica i ortodoxa.

2. La desintegració de l'imperi otomà: l'imperi turc va ser un dels perdedors de la primera guerra mundial. La seva desintegració va suposar un reordenament del seu espai geogràfic, i en el cas dels Balcans el 1918 es va formar el Regne dels Croats, Serbis i Eslovens, que comprenia Sèrbia, Bòsnia, Montenegro, Kosovo, Macedònia i bona part de Croàcia i Eslovènia. Va ser un estat autoritari, una monarquia, la primera experiència federativa al territori que va acabar amb l'esclat de la Segona Guerra Mundial.

3. Els territoris eslaus del sud es van autoalliberar del feixisme amb la lluita partisana liderada pel mariscal Josip Broz Tito. Aquest croat va ser qui va fomar la segona Iugoslàvia, la que va arribar als anys 90. Van ser quaranta anys de dictadura comunista amb unes característiques concretes: era un estat autogestionari (sistema econòmic inèdit en la història), independent de la Unió Soviètica i amb un curiós sistema de govern. El gran encert de la Iugoslàvia de Tito va ser apaivagar les eternes tensions religioses i ètniques de les repúbliques integrants, i ho va fer instaurant el sistema rotatori de govern: Tito era el cap d'estat, però cada tres anys el president del govern canviava i obligatòriament s'havien d'anar rotant els musulmans, ortodoxos i cristians. Les sis repúbliques que van formar part d'aquest projecte eren Eslovènia, Bòsnia, Croàcia, Sèrbia, Montenegro i Macedònia.

4. Als anys 80 la mort de Tito i una forta crisi econòmica que va posar en crisi el sistema de solidaritat econòmica interterritorial va fer trontollar el projecte federatiu. Al llarg de la dècada les relacions entre els territoris es va anar degradant, al mateix temps que, desapareguda la figura de Tito (que cohesionava la federació) i a mesura que el socialisme internacional entrava en crisi, es va anar produïnt a Iugoslàvia un auge dels nacionalismes. Slobodan Milosevic i Franjo Tudjman van engegar els projectes expansionistes de la Gran Sèrbia i la Gran Croàcia. El 1990, després de la caiguda de la Unió Soviètica, els pobles iugoslaus entenien que el comunsime ja no podia cohesionar els territoris. Els croats i els eslovens, territoris més rics que la resta, van posar fi al projecte iugoslau proclamant la independència unilateral, resposta per l'exèrcit iugoslau (de majoria sèrbia) amb guerres sagnants.

5. Bòsnia estava presidida per l'islamista Alija Izetbegovic. Croàcia i Eslovènia van guanyar les seves guerres i van trencar la federació. Aleshores, què hi pintava la musulmana Bòsnia amb els serbis ortodoxos? Tudjman (Croàcia) i Milosevic (Sèrbia) van elaborar a Karadjordjevo un pla per dividir-se Bòsnia i completar així el projecte de la Gran Sèrbia i la Gran Croàcia. Contra les cordes, Bòsnia va celebrar un referèndum d'independència que va ser aprovat l'1 d'abril de 1992. Al dia següent, Sèrbia, que comptava amb el gruix de l'exèrcit iugoslau, va iniciar l'agressió militar coneguda com la guerra de Bòsnia (1992-1995). La guerra va comptar amb tres actors: els croats, els serbis i els bosnians; i va tenir tres fronts: la guerra entre croats i bosnis a Hercegovina (regió sudoccidental); el setge de Sarajevo, la capital del país, mantingut durant tres anys pels serbis sobre la població musulmana de la ciutat; i la incursió militar sèrbia a la Bòsnia oriental, duta a terme sobretot per paramilitars serbis que van perpetrar assassinats massius i expulsions massives de musulmans de les seves llars. La guerra va acabar el 1995 amb els acords de pau de Dayton que mantenen el país dividit en tres parts.

7/1/11

Underground: Sèrbia al soterrani de la història

“Una guerra no és una guerra fins que un germà mata al seu germà”. El director que ens va recordar en una altra de les seves pel·lícules que a l’exIugoslàvia “La vida és un miracle” construeix a “Underground” el més bell i commovedor retaule del poble serbi. Kusturica, a qui part dels serbis retreuen que tal vegada rodés pel·lícules finançat per l’estat de Milošević, de nefast record, assumeix amb valentia la tasca d’oferir a l’espectador una mirada crítica a l’entorn del caràcter del poble serbi. I ho fa en la història recent que, des de la Segona Guerra Mundial fins la guerra de Bòsnia (1945-1992), va sotmetre els serbis a la duresa d’una història sense grisos plena de convulsions només anestesiada pels quaranta anys de la dictadura de Tito. Kusturica, rodejat d’un músic de primer nivell com Goran Bregović i actors que formen part del seu repartiment habitual com Slavko Stimac, en el paper d’Ivane, explica una història genial carregada de nostàlgia disfressada hàbilment amb el seu univers particular, movent a l’espectador durant gairebé tres hores en la fina frontera entre l’humor i el drama.

La pel·lícula està plena de símbols i guinys històrics que la converteixen en una pel·lícula de culte, de llarg la millor que ha rodat mai Kusturica. El director fragmenta la història en tres parts, que són alhora tres àmbits històrics en què es mouen els tres protagonistes principals de la història: dos camarades resistents, Marko i Crni, i el germà d’aquest, Ivane. La primera part és un retrat de la resistència sèrbia a l’invasor nazi i al sofriment de Belgrad sota els bombardejos alemanys. En aquesta part Kusturica descabdella l’inici de la història que marcarà la resta de la pel·lícula: Marko amaga el seu camarada Crni en un soterrani durant la invasió dels alemanys on els mantindrà 20 anys fabricant armes fent-los creure que la guerra no ha acabat. Mentrestant, quan s’obre la segona part coincidint amb l’alliberament de Iugoslàvia i l’inici de la dictadura de Tito, Marko esdevé un alt dirigent nacional fent creure al poble que Crni, elevat a la categoria d’heroi nacional, ha mort. La tercera part és la que tanca els símbols i les metàfores que es desenvolupen al llarg de la pel·lícula, la que ens convida a reflexionar sobre la brutalitat de la guerra de Bòsnia però, més enllà d’això, el destí fatal del poble serbi, i de Iugoslàvia per extensió.

Quan Europa va obrir els ulls, horroritzada, davant els camps de concentració nazi, alguns inel·lectuals van considerar que el poble alemany estava fonamentat en un sonderweg, un camí específic sobre el qual Alemanya havia edificat una història que només la podia conduïr a un horror com el del Tercer Reich. Salvant les distàncies, Kusturica dibuixa un poble serbi amb un caràcter específic des d’una òptica altament determinista, com si els serbis, en se i per se, haguessin acabat davant el crucifix on es lamenta Crni al final de la pel·lícula rodejat per Marko i la seva esposa encesos en foc. El mateix soterrani és una metàfora excel·lent del que va ser per al poble serbi la dictadura de Tito, on després del drama de la guerra mundial Iugoslàvia va viure en un soterrani aïllada de la realitat en una paranoia tan divertida com dramàtica. Kusturica combina la història amb imatges reals de la història com els bombardejos sobre Belgrad o els funerals de Tito. Una altra de les metàfores que excel·leixen la pel·lícula és el que hi ha sobre i sota el soterrani. Sobre, un poble que glorifica els seus herois, en aquest cas Marko, que Kusturica vol representar des d’una perspectiva istriònica però també crítica. Marko és un poeta que s’aprofita de totes les situacions en benefici propi, fins a l’extrem d’acabar traficant amb armes en una escena de la guerra bosniana. Sota el soterrani hi ha el mar, al que s’hi accedeix a través d’un pou. És un mar on hi acaba tothom, perquè és la mort, però també la vida. Kusturica torna a sotmetre el poble serbi a un destí únic, indestriable, aquesta vegada en clau positiva: el mar que reifica un poble i el salva dels seus pecats per començar la vida nova. La crítica arriba a ser tan frontal que l’únic ésser viu que sobreviu al llarg de tota la pel·lícula és el mono que acompanya el desafortunat Ivane. És aquest, un personatge singular que tanca dins seu el pes del drama serbi, qui tanca la pel·lícula amb un speech sintètic que resumeix la filosofia del film mentre una porció de terra es separa de l’altra: "Construimos nuevas casas, con tejas rojas, donde las cigüeñas construyen sus nidos y con las puertas abiertas a nuestros invitados. Le agradecemos a la tierra que nos alimenta, al sol que nos calienta y a los campos que nos recuerdan los verdes pastos en casa. Así, con dolor, tristeza y alegría, recordamos a nuestro país cuando contamos a nuestros niños historias que comienzan como todas las historias: ‘Érase una vez una tierra...’".

L'espectador té, a més de poder reflexionar i descobrir aquestes petits i grans detalls, el privilegi de fer-ho amb una banda sonora excel·lent. Des de la cançó principal, la coneguda "Kalasnjikov" de Goran Bregović, fins a la popular Mesecina que entonen Marko, Crni i Natalija, passant per altres clàssics serbis o l'alemanya Mack The Knife, la música esdevé un altre tresor dins aquesta brillant obra d'art.



17/1/10

En tierra de nadie: una sociología de la guerra de Bosnia


La Gran Guerra (1914-1918) cambió para siempre los enfrentamientos bélicos en Europa. No solo porque supuso una modernización total de las condiciones materiales de la guerra, con un avance significativo en el armamento (armas de largo alcance, nuevo armamento químico...) sino porque supuso la primera experiencia de la gran movilización en un conflicto armado. En los primeros compases de la sociedad de masas, la Primera Guerra Mundial supuso una movilización radical de las masas en las filas de los diferentes ejércitos. Estos dejaron sus visos de tropas regulares de soldados profesionales para incorporar en sus filas los ciudadanos conscientes de las naciones en alza. Contribuyó a ello la propaganda que en los países implicados se realizó de un modo enérgico. Cada nación ensalzó sus valores para la creación de un clima de convicción racional del nacionalismo propio en un conflicto mundial que, a pesar de ello, afecto sobretodo Europa. El proceso se dibuja, como reflejan algunas obras ilustres como "Tallen Soldiers", de Georges L. Mosse, en la asunción de las clases medias y populares de los valores nacionales y su vinculación a una guerra que debía ser heroica. Transformaron los valores de una época de decadencia de los valores europeos, en las fronteras del s.XX, en la experiencia heroica y radical de una guerra. Los valores nacionales se enfrentaron como nunca, y muestra de ello puede ser la confrontación de la Cultura alemana con la francesa. Pero sobretodo, se trataba de que aquellos jóvenes que se habían adormecido en las facultades, abandonaran la comodidad a la que les había acostumbrado el liberalismo burgués, y recuperaran todo el amor por los valores nacionales. La nación estática pasaba a ser la nación en movimiento. Los viejos estados desaparecían (el zarista en Rusia, el eterno austrohúngaro de quien Stefan Zweig dijo que "pensábamos que siempre bailaríamos el vals" o el Kaisserreich en Alemania) y daban paso a las naciones heroicas. Meses después, las ametralladoras barrían esos jóvenes esperanzados por docenas en su avance en las trincheras, plasmando la tragedia que llevaría, uno a uno, a los diferentes estados, a movimientos antibelicistas que acabaron en diferentes tratados de paz, el último de ellos el de Versalles con la rendición de Alemania. Esta experiencia marcó para siempre el devenir en Europa, no solo en lo que a la geopolítica concierne, sino también en las actitudes prácticas de los conflictos armados.

En los albores de 1992 un referéndum acerca de la independencia de Bosnia y Hercegovina fue para los serbobosnios la gota que colmó el vaso de un proceso de desintegración de Yugoslavia que se había iniciado en 1991 con sendas guerras en Eslovenia y Croacia. Así se dispusieron las condiciones para que el Ejército Yugoslavo iniciara una agresión en el territorio que se prolongó hasta 1995 en lo que fue la Guerra de Bosnia, que en realidad fueron diferentes guerras en una misma. Antes de abordar la cuestión bélica, que me parece más interesante para explicar lo que fue el conflicto bosnio, debo referenciar alguna cuestiones acerca del clima de preguerra que se vivía en los Balcanes occidentales por aquel entonces. Es un debate historiográfico interesante señalar cuales fueron las causas de una guerra atroz como la que rompió la harmonía de una Europa que respiraba tras la caída del muro de Berlín. La pregunta es complicada. Por qué se derrumbó lo que parecía el sólido edificio del estado Yugoslavo que había creado Tito después de una guerra civil durante la Segunda Guerra Mundial? El comunismo había conseguido sedimentar en un solo estado diferentes naciones que habían estado enfrontadas o aliadas en diferentes momentos de la historia, y que tras de disolución de los estados otomano y austrohúngaro en el cambio e inicio del siglo XX, conformaron un rompecabezas difícil de recomponer. Tras cuarenta años de aparente estabilidad, solo enturbiada por las aspiraciones nacionalistas de algunos territorios como Kosovo, en la década de los ochenta todo se desmoronó. Las viejas rencillas entre las repúblicas se despertaban de nuevo poniendo en peligro la integridad y la soberanía de la federación. Ha quedado descartada la hipótesis de que fuera la muerte de Tito en 1981 la causa principal de la desmembración, puesto que la federación sobrevivió una década más, y en cambio toma más solidez la reflexión acerca del empeoramiento sistemático de la política económica que, no obstante, consiguió atenuar el ministro de Economía Ante Markovic. A ello se le sumó el auge de los nacionalismos que quebraron el difícil equilibrio entre el gobierno federal y el de las diferentes repúblicas yugoslavas. El último lustro de los años 80 fueron decisivos, con la llegada al poder en sendos estados de Franjo Tudjman en Croacia y de Slobodan Milosevic en Serbia. Ambos recuperaron el discurso nacionalista radical, con las ideas de la Gran Serbia y la Gran Croacia, y a ello se sumó el auge de Aliza Izetbegovic en Bosnia, dispuesto a no tolerar ninguna incursión vecina en su país. Después de las agresiones en Croacia i Eslovenia, croatas i serbios planearon la división de Bosnia y su ocupación en los acuerdos secretos de Karadjordjevo. La cuerda se tensó hasta el extremo que hoy conocemos bien: la entrada de los tanques yugoslavos bajo el poder serbio en territorio bosnio.

Por eso me parece interesante contemplar la disolución del ejército yugoslavo, no quizás como causa, pero sí como un echo que explica en buena medida el desarrollo de la tragedia humanitaria en Bosnia. El estado yugoslavo se fundamentaba en tres principios indisolubles: roto equilibrio territorial, roto el compromiso de las iglesias católica y ortodoxa en mantener dicha estabilidad, la disolución del ejército yugoslavo que quedaba ampliamente integrado en manos de los serbios, el desastre estaba anunciado. El 1942 el mariscal Tito organizó la resistencia partisana, en el marco de la guerra civil yugoslava durante la Segunda Guerra Mundial, con la creación de una escuadra que en 1945 pasó a llamarse Jugoslovenska Narodna Armija (JNA), el Ejército Popular Yugoslavo. El ejército contó siempre con el prestigio internacional por su buena organización armamentística y en el entrenamiento. Pero a partir de los años 70 empezó a intervenir en sus propias fronteras, como en la Primavera Croata de 1971. Con el arranque definitivo de las hostilidades nacionalistas en la década de los noventa, la sociedad yugoslava se preguntó qué debía hacer el ejército ante la guerra. No era una cuestión menor. El JNA estaba integrado por soldados de todas las repúblicas de la federación, por lo cual los soldados eslovenos estaban obligados a agredir a sus compatriotas en la Guerra de los Diez Días (1991), y lo mismo para los croatas con la intervención del mismo año. La reacción fueron masivas deserciones en el seno del ejército, que se elevó a la máxima potencia con el arranque del conflicto bosnio de 1992. Ante ello, las Naciones Unidas ordenaron la immediata retirada del ejército yugoslavo del territorio, por encontrarse ya dentro de un estado soberano ajeno. El ejército creó en algunas de sus unidades el VRS, el Ejército de la República Srpska, e hizo caso omiso de la advertencia de la ONU. El ejército, ya en manos de los serbios, sirvió a Milosevic para mantenerse en el poder y avanzar en el conflicto armada con cierta superioridad, sobretodo en la vanguardia serbobosnia en la Bosnia Oriental, con la victoria en núcleos importantes como Zepa, Gorazde o la denostada Srebrenica. Otro cantar fue el fallido asedio a Sarajevo. La otra cara de la moneda fueron las milicias bosnias, que consiguieron construir en ejército, la Armija, muy por debajo de la categoría militar del JNA y el VRS. Rivalizó más bien con los grupos paramilitares croatas i serbios, entre los que destacaron el macabro grupo Los Tigres del carnicero Arkan. A ese efecto, y ligando ese tema con el inicio de la exposición, Danis Tanovic retrató como nadie esa realidad en un film producido en Bosnia en 2001: «En tierra de nadie». La película refleja el absurdo de la guerra de Bosnia, con situaciones que rallan la comicidad, pero da un paso en el retrato de una sociedad que abandonó inesperadamente una vida estática para liderar la vanguardia heroica de la defensa de la nación. El protagonista del film es un joven que queda atrapado en una trinchera con un enemigo serbio. El bosnio trae consigo un fusil y viste una camiseta blanca de los Rolling Stones. Esto fue la guerra de Bosnia, el conflicto que sacó a los jóvenes de las aulas, de la Cultura, que cambiaron los libros y los walkman por el fusil. Dejaron de escuchar los Rolling Stones para defender el territorio ante aquellos enemigos que lo fueron solo en el término de una década. La Gran Guerra de 1914 cambió para siempre el curso de la historia, y en cierto modo el conflicto de Bosnia tambien, irradiando la imagen de la brutalidad por los televisores de medio mundo, recordada solo en aquel mítico Vietnam. Lo de después, Somalia i Rwanda, fueron la reproducción de esa brutalidad confundida con la guerra enérgica de las masas encarnadas en la nación que anda.

2/7/09

Uniformes negres a Zvornik

Les mares de Zvornik van plorar els seus morts quan van poder ser recuperats i identificats. La localitat, propera a Srebrenica, va patir un genocidi perpetrat per paramilitars serbis, semblant al de la malauradament famosa localitat de la Bòsnia oriental. Les imatges guarden una funesta similitud...


Quan s’acosten les dates estiuenques, els que de tant en tant girem la mirada als Balcans recordem una data nefasta, funesta: 11 de juliol de 1995. Ben aviat farà 14 anys de la pitjor massacre de la Guerra de Bòsnia (1992-1995) que va acabar amb la vida de 8.000 musulmans i va posar en evidència la incapacitat de les Nacions Unides per defensar un territori sota la seva jurisdicció. Des d’aleshores, aquelles jornades van quedar per sempre grabades als cors dels bosnis que van perdre-hi els familiars, i a les ments dels occidentals que van presenciar l’horror a les pantalles de les seves televisions. Srebrenica va capgirar la forma d’entendre les guerres. Mai Europa havia concebut una vusceralitat com aquella en els temps moderns, i Srebrenica va passar a ser el capítol que tothom recordaria de la guerra, juntament amb el setge de Sarajevo, amb algunes imatges d’un poder captivador.

Srebrenica ha capitalitzat bona part de les informacions posteriors a la mateixa guerra, perquè cada any es fan homenatges i sobreeixeixen noves informacions al respecte de la recuperació dels cossos enterrats en fosses comunes. Però el drama de Srebrenica és compartit, en menor mesura, per altres indrets de l’actual zona de la República Srpska. Un d’ells és Zvornik, que en les primers compassos de la guerra es va convertir en una autèntica base militar sèrbia en territori musulmà. Tot i que un 60% dels 80.000 habitants d’Zvornik eren musulmans, els paramilitars serbis van fer seva la zona en consonància amb els plans serbis de recuperar la franja oriental de Bòsnia. Els Tigres d’Arkan van assassinar-ho unes 3.000 persones en poques setmanes. Actualment Zvornik continua sent una ciutat tranquil·la, com abans de la guerra, reposant al costat de la serena riba del riu Drina. Però ja no hi viuen els musulmans, paradigma del fenomen de la postguerra Bòsnia a la República Srpska: els musulmans no s’atreveixen a tornar i el territori està poblat per serbis.

En el meu viatge a Bòsnia, el setembre de 2008, vaig creuar Zvornik…m’hi vaig aturar. El poble prenia una atmòsfera que ja havia respirat en alguns pobles de la República Srpska, aquella part del país que forma part de Sèrbia. Especialment a Sokolac, un petitíssim poble prop de Zvornik i Srebrenica que sevreix de refugi a alguns genocides i que és especialment hostil al forani. Es tracta d’una atmòsfera de calma, de pau, portada a l’extrem del neguit i la incertesa. On el forani només coneix el silenci esfereïdor com si els anys no haguessin passat, l’aire i les olors paralitzen tots els sentits i criden a la reflexió. Hi ha llocs on el pas del temps no aconseguirà mai esborrar alguns fets, i Zvorkik és un d’ells. Els carrers fantasmagòrics a mitja tarda, la soledat i la grisor, la senasació de que la postguerra és molt viva encara i que les ferides segueixen obertes. Sagnants. Després, entrant en un supermercat regentat per serbis, evidentment, el cos se’m desentumeix i em relaxo. Un nen fa corredisses mentre els seus pares compren. En pagar, els pares recullen el marrec i se’n van somrient-me i acomiadant-se. La caixera també ens dedica un somriure, en percebre que no sóm d’allà. En tornar a la furgoneta m’avergoneixo de mí mateix, d’haver-me confiat al prejudici que en iniciar el viatge m’havia promès evitar. Zvornik era un poble fantasme, però els serbis que hi convivien, almenys amb els que em vaig creuar, semblaven bons. Segurament són hereus de la desgràcia però no en tenen cap culpa.

Del que va passar allà en sé poc. De visita a casa la Meliha, una bosniana de Kamenica, la pròpia Meliha em va ensenyar un llibre editat per l’ONG barcelonina Trenkalòs, que ha realitzat i realitza una encomiable tasca al territori de la Bòsnia devastada. El llibre reservava part d’un capítol a explicar una colpidora història succeïda durant la massacre d’Zvornik. Em va corprendre: durant la massacre, una unitat dels Tigres d’Arkan van prendre l’escola del poble que va servir de pavelló d’execucions. Després, van fer servir el pati per retenir-hi els presoners. Una dotzena de paramilitars van quedar-s’hi a vigilar mentre la resta de la unitat sortia a rastrejar el que quedava de poble. Uns bosnians que s’havien amagat al bosc van preparar una emboscada que va tenir èxit. Després d’assaltar els soldats i matar-los, van alliberar els presos i van fugir corrent cap al bosc. Durant la carrera, i perseguits molt de prop pels Tigres d’Arkan que havien anat a socórrer els seus companys, alertats pels trets, un adolescent va perdre els seus companys de vista. El seu amic d’infància continuava corrent, però mirar al seu voltant va descobrir que el jove no hi era. Va decidir tornar enrera, pistola en mà: sabia que els serbis s’apropaven. Va sentir una remor entre les fulles, i només va aconseguir albirar un uniforme negre, com el que duien els Tigres d’Arkan. Va disparar i va encertar de ple. Va acostar-se al cos del mort i va descobrir aterrat que qui havia mort era el seu amic, que aquell dia s’havia enfundat l’uniforme escolar, de color negre.

Les guerres tenen històries cruels. Més enllà del drama individual s’estén una llarga ombra de tragèdies que en són una de sola. Zvornik no ha recuperat la normalitat pels que van viure-.hi l’horror en primera persona. Tampoc per aquells que hi tornem més d’una dècada després, i que en percebem les seqüeles. Permeteu-me una darrera reflexió, tòpica segurament. Només restablirà les consciències d’uns i altres la consecució dels actes de reparació que la justícia ha de dur a terme, ajusticiar tots i cadascun dels que van prendre part en les massacres. Zvornik va ser el primer cas que es va traspassar a les autoritats judicials sèrbies.

30/12/08

Nous propòsits, vells desitjos

"Per a la Lejla, que mai abandoni aquesta somriure, que mai deixi de trencar-me el cor la seva mirada trista"

Els musulmans no celebren el Nadal, però per als musulmans de Bòsnia el seu també és un desembre “congelat”, ben diferent del nostre. És cert que les dates nadalenques desperten quelcom que, durant l’any, duem molt amagat: algunes dosis de solidaritat i també, perquè no dir-ho, compassió cap als més necessitats. No sé si és per això, o perquè ha estat la darrera de l’any, aquesta nit he somniat amb unes persones molt especials, amb les que vaig compartir una intensa setmana en un raconet molt a prop de la República Srpska de Bòsnia. La Meliha i la seva filla, com si fossin reals, compartien espai amb mi, però al despertar he recordat que ara són lluny, i he recuperat el deix de nostàlgia que des d’aquell mes de setembre em separa d’elles. I per extensió, m’han recordat els altres amics de Bòsnia, els refugiats que mentre jo escric aquestes ratlles dormen al seu jaç en una habitació habitada pels records i el fred que tot ho atura. No per ningú més podien ser els meus darrers pensaments, aquest any, formats per nous propòsits que neixen de desitjos tan vells com la seva desgràcia.

Per a la família de la Meliha desitjo que continuï la seva prosperitat. La seva ha estat, des dels inicis, una història de superació només a l’abast de persones valentes i molt, molt fortes. Des que van abandonar el camp de refugiats, ell i el Buzzo han viscut per als seus fills i ells, la Lejla i l’Amar, són la metàfora d’una Bòsnia que reneix a poc a poc, i en la seva mirada hi vaig llegir l’esforç de tot un poble per mirar cap al futur. Per a la Meliha i el Buzzo desitjo treball i recursos per continuar endavant, que els seus petits somnis es vagin fent realitat, que avancin a poc a poc però fermament, com fins ara. I per als petits: a l’Amar que tingui molta, molta salut, i que continuï creixent tan viu, tan simpàtic, tan curiós... Per a la Lejla, que mai abandoni aquesta somriure, que mai deixi de trencar-me el cor la seva mirada trista. Per a la mare i el pare de la Meliha, que segueixin vivint en pau al poble d’on mai haurien d’haver estat expulsats; com la Sevla i l’Ibrahim, amb qui vaig compartir tant en tan poc.

"Per a l'Edine, que no es cansi mai de fer l’avió, per molt fotut que estigui. Per a la Lejla, que segueixi sent per al Halil i la Hanija un impuls per viure i sobreviure"

Per a la família del Halil, els meus desitjos són més seriosos, si cap. Desitjo que tinguin aigua corrent, desitjo que tinguin llum 24 hores al dia, desitjo que tinguin una escola per als seus fills, desitjo que trobin una feina i guanyin diners, desitjo que no passin fred ni gana, ni por a les nits, ni plorin tan sovint perquè un dia van decidir no deixar-los ser feliços. Desitjo tot això o una sola cosa: que també puguin marxar del camp de refugiats, com ho van fer la Meliha i el Buzzo, que puguin veure créixer els seus fills en un lloc normal, sense conviure cada dia amb la grisor i la tristor del camp de refugiats. Per a l’Edin, que mantingui als seus blaus la innocència i la bondat, que creixi sa i fort i no perdi mai el nervi que em va demostrar. Que no es cansi mai de fer l’avió, per molt fotut que estigui. A la Dina, que en els seus pocs mesos conservi la salut, que creixi sana i forta, que segueixi sent per al Halil i la Hanija un impuls per viure i sobreviure, una alenada de força per sortir del camp.

Tampoc m’oblido de l’Amir i la Medina, que s’acabin els problemes de salut per al seu fill i puguin continuar sent tot lo feliços que són malgrat les circumstàncies. No deixaven mai de somriure... A la Sabaheta, que no oblidi mai el que va perdre, però aprengui a mirar al futur amb valentia, que tots els que l’estimen, dins i fora del camp, siguin per a ella una nova vida, la felicitat que es mereix. A l’Elber, que faci encara milers de quilòmetres més amb la seva furgoneta, que mai canviï. I encara em deixo més persones... La Dada, l’Anisa, el vell begut de Sarajevo... Des que conec el seu drama desitjaria borrar-lo, i al ser impossible, demano que siguin feliços molt aviat.